La sociedad está cambiando a un ritmo cada vez más rápido y dificil de aismilar por mucha gente, por lo que, mas que nunca, resulta difícil visualizar un escenario probable de como será la sociedad del futuro, y por tanto, de como será la vivienda del futuro. Sin embargo, existen unas tendencias que son muy fáciles de pronosticar y que nos permiten perfilar algunas de las características generales que tendrá la vivienda de los próximos años. Para ello se debe analizar con rigor la situación actual, compensar adecuadamente las tendencias sociales, y tener un buen conocimiento histórico y social.
Como se sabe, la población en los paises ricos está decreciendo paulatinamente, debido al descenso de la natalidad, el cual, a su vez, se debe a la incorporación de la mujer al mundo laboral (con el fín de mantener un determinado poder adquisitivo), y debido a lo caro que resulta la crianza y formación de un niño para que pueda tener oportunidades laborales en nuetra sociedad basada en el conocimiento, en la cual se necesita una cualificación cada vez mayor. Además, y de forma paralela, este descenso de la natalidad está reforzandose por otro fenómeno que va a ser fundamental para definir un posible escenario de futuro: la individualización de la sociedad.
En nuestra sociedad, y en un un mundo cada vez más poblado, todas las personas desean ser únicas. Y ello se manifiesta, por ejemplo, en su hábitos de consumo. Hace 30 años se tenían unos hábitos de consumo medios. Se consumía -más o menos- lo mismo, y de un valor medio. Actualmente, la curva de consumo se ha trasladado al consumo de lo más barato (proliferación de los "Todo a cien"), y a lo más caro (automóviles de lujo, prendas de marca, viajes,...). Lo cual indica que, caro o barato, nadie desea ser como los demás. Todos desean manifestar su individualidad. Lo cual, a una escala mayor, se traduce en los nuevos movimientos trivales y nacionalistas que nos invaden.
Este fenómeno a entrado en el propio seno familiar, los miembros de la pareja manifiestan en todo momento su individualidad y exigen cada vez más de la misma, lo cual ha dado como resultado una reiterada ruptura y reconfiguración contínua de la pareja, la disgregación del núcleo familiar y una variopinta casuistica de núcleos familiares, incluyendo a personas que viven solas. Esta situación potencia el deseo de adquirir una vivienda en propiedad, para ser habitada por cada vez menos personas, o por nadie en absoluto. Actualmente, las viejas reglas de la pareja (tan lentamente creadas) se han roto, y mientras no se generan otras nuevas, las parejas siguen sin estabilizarse, y los jóvenes prefieren vivir en el seno familiar establecido por sus padres (hasta alcanzados casi los 40 años), aunque tengan un piso en propiedad, al cual no van más que los fines de semana a pintarlo).
Si al fenómeno anterior añadimos la actual bonanza económica, podemos explicar por qué en la actualidad se construyen -y se venden- tantas viviendas, a pesar de que la población española se ha estabilizado y empieza a descender. Cada vez se dispone de más dinero debido al aumento de riqueza proporcionado por los nuevos modos de producción de nuestra sociedad relacional basada en el conocimiento. Por otro lado, los tipos de interés han caido, lo cual, teniendo en cuenta el enorme sentido de propiedad de los españoles (debido de nuevo a un fenómeno de inmovilidad laboral tradicional) ha favorecido la adquisición de una vivienda en propiedad. Este panorama ha propiciado la construcción de viviendas de una forma rápida y de calidad mínima, ya que las ventas están aseguradas.
En principio, se estima que hasta el 2007 se van a construir unos dos millones de viviendas (ya que se calcula que para entonces, en España habrá 2 millones adicionales de unidades familiares), pero el fenómeno ya está empézando a decrecer.
Los devaneos económicos en una sociedad basada en el conocimiento harán que en breve, los tipos de interés suban, aunque solo sea pocos puntos. En principio nada importante, pero suficiente para alarmar a una sociedad amante de la estabilidad, y que se mueve más por sensaciones colectivas (euforias y miedos) que por una realidad cuantificable (¿como se explican las colas en las gasolineras cuando la gasolina sube dos pesetas el litro?). Además, los compradores se empezarán a dar cuenta de que sus viviendas -aunque no las habiten- les cuestan dinero en forma de gastos de comunidad, impuestos, y gastos mínimos de consumo. Como consecuencia, desde finales del año 2001, la demanda irá disminuyendo poco a poco, y los promotores empezarán a buscar nuevas fórmulas para estimularla.
Por otro lado, la sociedad cada vez está mas concienciada de que vive en un planeta finito y que no puede obrar con unas reglas diferentes a las de la Naturaleza. Por ello, se volverá más exigente -ecológicamente hablando- con la vivienda que vaya a adquirir, exigiendo además, un entorno saludable y que no ponga en jaque a su salud. Esto forzará a que, a partir de los póximos años (2005-2007) la construcción empiece a replantearse su estrategia, y se cambie cantidad por calidad. Se edificará cada vez menos, pero de mejor calidad. La administración empezará a invertir en infraestructuras ecológicas en las ciudades.
Además, la población española ira disminuyendo poco a poco (en el año 2.025 en España existirá un millón menos de habitantes de los que existen en la actualidad), lo que puede acabar de dar información sobre la actividad de edificación de viviendas. No habrá necesidad de construir tantas viviendas, y la gente se centrará en mejorar lo que ya tiene, invirtiendo en acondicionar las cajas que han comprado 20 años antes. El concepto se puede ilustrar con una frase: el interés del consumidor no se centrará en comprar viviendas, sino en crear "hogares".
En este sentido, y dado que en el futuro se reforzará la individualidad de la sociedad, las altas tecnologías tendrán un papel clave, ya que cada vez estaremos menos dispuestos a trabajar en tareas rutirarias de la casa y desearemos simplemente disfrutar de la misma. El papel de ama de casa se irá diliyendo, hasta desaparecer, siendo asumido por las tecnologías incorporadas en el hogar: robots limpiadores, organizadores de tareas, asistentes personales, sistemas de control domótico, sistemas de limpieza automáticos, controladores de la cocina, etc...
Por último, y con el fín de completar un posible escenario para la vivienda del futuro, no hay que olvidar que existirán grandes flujos migratorios, pero, debido a su poder adquisitivo, los inmigrantes se instalarán en zonas periféricas de la ciudad, lo cual exigirá de la Administración la creación de un nuevo tipo de vivienda social, con el fin de evitar un nuevo "tecno-chavolismo", o un anidamiento que obstaculizará el desarrollo de ciertas partes marginales de la ciudad.